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  1. Había una vez un circo

    28 septiembre 2011

    El pasado sábado (24 de Septiembre) tuve la gran suerte de conocer a Rody Aragón. Rody, para aquellos que no lo sepais, es hijo del famoso payaso Fofó; si, el Fofó de Gaby, Fofó, Miliki y Fofito. Quizás muchos de vosotros de nos acordéis de ellos, por que para recordarlos tendréis que estar por encima de los 30 e incluso de los 40 como es mi caso.

    Como digo, conocí a Rody, pero no fue un simple contacto de saludar y punto, sino que pude conversar durante largo rato con él y con su esposa. Sin duda, son gente encantadora, educada, sencilla y sobre todo, capaces de transmitir “calor humano”. E incluso pudo hacerme una foto con él.
      


    Quizás el momento no fue tan extenso como yo hubiera querido, pero fue suficiente para compartir recuerdos de pequeño, de recordar a su padre, a sus tíos, al circo y todo lo que para nosotros había significado. El lo vivió desde dentro y yo lo disfruté desde fuera. Nadie me a quitar aquellas tardes de jueves pegados a la televisión en blanco y negro disfrutando de “los payasos de la tele”, de sus canciones y de la famosa y siempre tan divertida aventura.

    Le dije a Rody que tenía previsto asistir a la función el domingo, y al finalizar la charla me dijo “si va mañana por allí le espera un bonito regalo”.

    No voy a negar que soy una persona que le apasiona el circo, su mundo, todo lo que le rodea, me maravilla, me fascina. Equilibristas, malabaristas, payasos, magos… Y cierto es que corren malos tiempos para el circo porque a veces son mas los contras que los pros de mover toda una serie de personas, todo una caravana de camiones para luego ver que ya el circo no llena sus funciones hasta la bandera como lo hacían antes.

    Llegado el domingo, mi hijo Jesús y yo, nos dirigimos al circo. Ya previamente había contado en casa con emoción el encuentro que había tenido con Rody. A Jesus, mi peque, le apasiona todo lo que hago, me tiene en un pedestal (esto sí es pasión de padre). Y me preguntó varias veces si Rody me reconocería entre tanta gente. Una y otra vez le dije que sí, que estaba seguro de ello.

    Llegados al circo y tras aguardar unos minutos la cola pasamos al interior y esperamos impacientes a que diera comienzo la función mientras en la megafonía sonaba aquella conocida canción llamada “Había una vez un circo”.



    La función completa fueron dos horas, la primera toda de actuaciones muy entretenidas y divertidas, luego un descanso de 15 minutos y por fin lo que todos los mayores estábamos esperando, al fin salió a la pista Rody Aragón y tras saludar empezó a cantar. Y salió de la pista para recorrer el circo y cantar junto a los padres aquellas canciones que tan buenos recuerdos nos traen… “Mi familia”, “Susanita”, “La Gallina Turuleta”… Y luego retornó a la pista par a seguir cantando y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba yo allí poniendo una agradable cara de sorpresa, y acercándose a darme la mano.



    Y hubo mas, porque en un momento de su actuación pidió a un grupo de niños y un grupo de niñas que salieran a la pista para hacer un juego. Y él tuvo el detalle de venir a coger a mi peque y llevarlo a la pista. El juego era muy simple y no tenía mas objeto que regalar algunas fotos suyas que al finalizar la función firmaría y a los ganadores de aquel improvisado concurso de baile les regalaba un CD con canciones de Fofó que también firmaría al final del espectáculo.

    Y tras algunas canciones mas, pocas para mi gusto, tocó anunciar el final de la función.  Se acercó a los que estaban sentados en primera fila y al llegar donde estábamos mi hijo y yo sentados se acercó de nuevo y me dijo “no se vaya”. Y me sonrió, sabía que había llegado la hora del regalo del que me habló el día antes.

    Pasados unos minutos, salieron las azafatas vendiendo el CD de Fofó y las fotos de Rody que luego él firmaría. Mi hijo y yo esperamos pacientemente de mientras la primera fila del circo se iba llenando de gente. Y no pasaron mas de cinco minutos cuando volvió a salir a la pista y dirigiéndose a una de las azafatas le pidió un CD y con él en mano se vino directamente hacía mí mientras decía: “Este se lo regalo yo, se lo voy a dedicar a su hijo”. Y la foto, que se la dedicó a mi hijo mayor.

      
    Y una vez más, volvió a darme la mano y un fuerte abrazo que siempre recordaré.

    No fue el regalo en sí lo que me llenó de emoción. Fue el detalle de fijarse en mí. De acordarse de mí. De ser capaz de volver a hacerme un niño, porque incluso me emocioné como tal. Una persona cercana, amable, educada.

    Para cerrar este breve relato, sólo se me ocurre haceros una pregunta:

    ¿Cómo están ustedes?
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  2. 2 comentarios:

    1. Anónimo dijo...

      Qué grandes los payasos de la tele, cuantas horas de diversión nos han dado, estos si que son artistas y no la bazofia que pretenden calzarnos por las cadenas privadas.
      Y respecto a Rody, buen detalle, personas como él son las que deberían sobrar en este mundo, y no la "flor y nata" que tenemos actualmente.

      Saludos

    2. radioloco dijo...

      En esa foto creo que hay dos grandes personas. Nunca fui fan del circo, y siempre ha sido uno de los momentos que me hubiera gustado vivir en mi infancia... pero creo que las modas han dejado atrás ese maravilloso espectáculo.

      Me alegro de que os lo pasarais en grande Jesús y tú.

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