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  1. Mi madre y el cáncer

    25 julio 2011

    Como muchos sabéis, yo no suelo contar cosas de mi vida cotidiana, primero por que suelo ser muy reservado para mis cosas y segundo por que pienso que tampoco es que mi vida personal sea muy interesante que digamos.

    Sin embargo hoy, y sin que sea un precedente, voy a romper ese hielo y contaros una larga historia, aviso lo de larga, por que esta entrada es muy extensa.

    Hace 21 años a mi madre le detectaron un bulto en el pecho derecho. Un bulto que no tenía muy buen aspecto y que le tuvieron que quitar con una sencilla intervención que no necesito ni de ingreso siquiera.
    Durante los 19 años siguientes, preguntábamos a mi madre que como iban las revisiones anuales y ella siempre nos decía que muy bien, que no había nada, que estuviéramos tranquilos que no había nada raro. Pero en abril del pasado año le confesó a mi mujer que tenía un bulto muy grande bajo la axila que le dolía muchísimo. Mi mujer le aconsejó que fuera inmediatamente al médico y no me contaron nada. Tal que fue al médico y le pegó la gran bronca por haberse dejado estar tantos años. De urgencias le hicieron una radiografía y una mamografía que confirmaron la peor de las sospechas, mi madre tenía cáncer, un cáncer de mama, pero muy extendido.


    Y ya me lo contó y se sinceró del todo conmigo, sus palabras fueron:

    - Hijo mío, yo no me quiero operar, le he dicho al médico que me diga cuanto tiempo me queda y morir entera y en paz.

    Cuando me enteré intenté convencerla pero no hubo forma, no quería ni oír hablar de aquello, los días siguientes fueron de pesadilla. Tanto que decidí ir a hablar con el doctor que le hizo la mamografía. El médico, muy amable y muy atento, me atendió a primera hora de la mañana sin cita previa y me mostró las mamografías marcándome los puntos de calcificación, que eran muchos, y que había que empezar cuanto antes con el tratamiento de quimioterapia. Además me presentó al cirujano que la operaría en caso de decidirse y me enseño todo el proceso previo a una operación de tal envergadura, ya que la operación debido al abandono de mi madre, sería muy invasiva y tendría que perder todo el pelo y sufrir la amputación de las dos mamas.
    Luego de esto, me senté a solas con mi madre y le dije:

    - Mamá, te traigo 10 razones para que empieces a tratarte: 1 marido, 4 hijos y 5 nietos. Tú ahora piensa en esto y me llamas a lo largo del día que tengo que llamar al cirujano porque si no quieres darte el tratamiento, hay mucha gente que lo necesita y no pueden perder tiempo.

    Al mediodía mi madre me llamó, medio llorando, asustada. Me dijo que adelante, que hablara con los médicos para iniciar todo el proceso. Y de esta forma fui inmediatamente a hablar con el radiólogo y el cirujano que en ese mismo momento me dieron la primera cita para empezar.

    Y empezó el calvario. Al poco tiempo se dio la primera sesión de quimioterapia y el primer día muy bien todo y el segundo una mierda todo. Empezó a sentirse mal, empezó con los mareos, los vómitos y el tratamiento con metadona. Y luego vino la segunda sesión y la caída del cabello. Calva, mi madre se quedó como una bola de billar, que por cierto, a mí nunca me ha dejado verla sin peluca. Y luego vino ya el remate total, la quimioterapia la estaba dejando completamente abatida, veía a mi madre vieja, arrugada, demasiado mayor para sus 65 años. Mi madre, siempre coqueta y presumida ya sabía que iba a perder su figura y sus ganas de vivir, yo la animaba, la decía que adelante, que era duro, pero que merecería la pena luchar, que lo iba a conseguir y que siguiera adelante.

    Aún recuerdo las palabras de mi hijo: “la abuela se está muriendo y yo no puedo hacer nada”, y tornar la conversación diciéndole: “deberías pensar que la abuela se está curando, aunque la veamos tan mal”.

    Y siguió adelante, la tercera sesión ya fue impresionante, le dolía todo, escupía sangre, tosía, y no podía ni dormir… y quedaban dos sesiones más. Pero no pudo seguir adelante, se dio la cuarta y le dijo al médico que la última sesión no se la iba a dar. Ni tampoco se hizo el TAC, por que al padecer de claustrofobia no podía aguantar sin moverse dentro de aquel aparato. Y el médico dijo: “vale, pues vamos a operar de inmediato”.

    Y de inmediato fue, por que el día 2 del pasado Febrero mi madre pasaba por el quirófano. En total fueron cinco horas de operación. Desesperantes y largas horas esperando hasta que el médico nos llamó y nos dijo: “todo a salido estupendamente, hemos amputado las dos mamas, hemos quitado los ganglios que están afectados y si todo va bien, en dos o tres días a casita”. Y dicho y hecho, salió mi madre y salio bien, paso la noche medio regular tirando a peor, recuerdo que la segunda tarde ya estaba pintada y ya la volvía a ver con una cara estupenda, hasta se reia y todo… Y a los tres días le dieron el alta; dolorida, molesta, con dificultad para mover los brazos.

    Y nada, se marchó la señora a casa, se puso las pilas y a los cuatro días se subió a su coche y se puso a conducir, a retomar su vida tal y como la había dejado. Como le dijo el médico: “la mitad de la rehabilitación son las ganas de vivir que usted tenga”, y las tiene, y muchas.

    El pasado 4 de Marzo tuvo la visita al oncólogo para el resultado de la operación y la biopsia. Recuerdo que me llamó para decirme que todo había salido perfecto, que estaba limpia de todo, pero que tenia que darse tres sesiones más de quimioterapia para evitar que alguna célula vuelva a intentar irse por el mal camino, que se le volverá a caer el pelo, pero ya no le importa, por que contrariamente a lo que pensaba al principio, ahora lo que quiere es vivir mas que nunca y seguir disfrutando de los disgustos que hijos y nietos le damos.

    A día de hoy ya casi ni se le nota nada, a día de hoy ya tengo ganas de contar todo lo que ha pasado y lo que me he callado. Un lunes cualquiera de un mes cualquiera es un buen motivo para exteriorizar estos sentimientos que me han estado atormentando durante algo mas de un año.

    Quiero aprovechar estas últimas líneas para darle las gracias a:

    D. José Antonio Castilla, del Servicio de Radiología; D. Diego Alfonso Ladrero Madrid, cirujano; Dª. Raquel Remesal, psiquiatra y Dª. Mireia Cazorla López del servicio de oncología; al personal de enfermería (técnicos y auxiliares) que han atendido a mi madre; todos pertenecientes al servicio médico del Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva.

    A mis compañeros de trabajo por haberme aguantado los días de bajón, por darme ánimos y hacérmelos llegar a mi madre.

    A mi padre, por soportar el calvario por el que ha pasado junto a mi madre.

    A mis hermanos: Leo (y por ende a Manoli, su mujer), Jesús (y a su novia Rocio) y Jose Mari por el apoyo mutuo que nos hemos prestado.

    A mi cuñada Deborah (esposa de Jose Mari) por acompañar a mi madre a todas y cada una de las visitas al médico, llegando incluso a dejar el tanatorio donde estaba su abuela recién fallecida para acompañarla.

    A mis dos sobrinas, Manuela y Marta, a mi sobrino José María, y a mis dos hijos, José Antonio y Jesús por darle ánimos a la “abuela Lola” para seguir adelante.

    Y especialmente a mi mujer, por quedarse con mi madre la primera noche tras la operación, por que ella sabe más que nadie de cuidar a personas. Y por soportar mis bajones, que aunque han sido pocos, alguno que otro ha habido.

    Y por supuesto, a mi madre, por plantarle cara al cáncer. No diré aún que le ha vencido, pero ya tiene más de medio camino recorrido.

    Perdón por el tocho impresionante, pero esto era algo que tenía que contaros.

    Gracias por leerme, hoy mas que nunca, amigos míos.
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  2. 5 comentarios:

    1. Anónimo dijo...

      Hola, tengo a mi madre (76 años)exáctamente en la misma situación. En Sept. le extirparon una mama y desde entonces, con la quimio -ya sólo la queda el mes de marzo- que ahora es semanal. He seguido y estoy siguiendo los mismos procesos que tú y tu familia. Pues nada, ánimo, que ya nos queda menos, y luego ¡a celebrarlo! Muchos besos a las madres.
      Irene

    2. gitano dijo...

      quillo, está bien eso de desahogarse, mucho animo compañero, los que hemos pasado por esos trances te comprenden y estan contigo, un saludo, cani.

    3. Anónimo dijo...

      Me alegra mucho ver que tu madre se puso bien. Nunca hay que perder la esperanza a vivir. Ahora mismo estoy en una situacióm parecida con mi abuelo, inmerso en el hospital desde hace 1 mes con un problema de insulina y dos ojos que ya no volverán a ver a su nieto Miguel :( pero el no pierde la esperanza. Sonríe y se ríe mucho. Insulta a ZP y a Rajoy x sus fraudulentas políticas, y sobretodo lo lleva muy bien. Volviemdo a tu historia, chapeau y me ha alegrado verla así xD

    4. David Plaza dijo...

      Gracias por esta entrada, de verdad.

      Yo me he visto en tu situación (sentir la necesidad de expresar mis sentimientos en mi blog) por la enfermedad de mi hijo mayor y cómo ello condiciona mi vida desde hace seis años. Y debo decir que es totalmente recomendable porque encuentras apoyo de un modo que no imaginas. Pude sonar a tópico, pero todas aquellas personas que en su momento me dieron su apoyo, consejo y ánimos, nos ayudaron a mi mujer y a mí a superar momentos que pensábamos que no seríamos capaces de conseguir superar.

      Y ahora, que la situación se ha estabilizado y ya es más rutinaria y 'normal', me acuerdo a menudo de ellos, especialmente cuando ocurren cosas buenas.

      Espero que a ti te pase lo mismo, que todo vuelva a la normalidad y ten claro que aquí tienes a alguien que te ayudará en la medida de sus posibilidades si algún día así lo consideras.

      Un abrazo muy fuerte a tu madre y el resto de tu familia.

    5. Entrañable testimonio José Antonio. Convivir con el cáncer nos despierta sentimientos inimaginables. Tu lo has vivido en "primer grado". En mi caso, en distintos momentos durante mi vida, con distintos grados de cercanía. Los mas "fuertes" mi sobrino (hoy está genial) y mi suegro (lo quería mucho). La experiencia vital que reflejas en esta entrada me han hecho dar un buen repaso sentimental, que siempre hace crecer nuestra propia humanidad. Gracias.

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